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sábado, 20 de noviembre de 2021

EL VEREDICTO JUSTICIERO DE LOS TIEMPOS

La expresión “Time Flies”, usada por lo americanos para señalar que el tiempo pasa volando, a pesar de lo simple y evidente, tiene un contenido de filosofía popular incontrovertible y eficaz.  Nada más seguro y arrasador que el movimiento incesante del tiempo, dejando a su paso un reguero de realidades cumplidas, casi siempre, muy diferentes a las promesas, planes, deseos y hasta sueños.

 

Un amigo solía decir que: “no hay nada más bello que un día detrás del otro”, significando, igualmente, que el paso del tiempo es y será, por los siglos de los siglos, el juez universal que, finalmente, se encargará de poner cada cosa en su sitio y, al mejor estilo de Ulpiano, darles a cada quien, lo que les pertenece.

 

Creo que estos infortunados últimos dos años que, ya casi acaban para la ciudad de Cartagena y que también han pasado volando, han cumplido a cabalidad su cometido de entregarnos, a todos, el veredicto justiciero de los tiempos a que se refería Indalecio Liévano y que quedó, para siempre recordado, en la lápida de su tumba.

 

Se encargó el tiempo, en su paso inexorable, de darles la razón a quienes no creyeron en el discurso disruptivo, populachero y grotesco, de un charlatán aparecido, que, mediante maniobras y artificios de carnaval, logró atrapar a un grupo de votantes ilusos e incautos, para hacerse elegir alcalde de Cartagena. Esta situación, por supuesto, no es nada extraña en una ciudad ensimismada y con una triste tradición electoral de torpezas, frustraciones y desengaños.

 

Pero no solo les dio la razón a quienes no le creyeron su discurso embaucador, sino que, además, se encargaron estos dos años de demostrar que, igualmente, tenían toda la razón, en sus análisis, frente a la inexistencia de un Plan de Gobierno serio y estructurado, que recogiera las estrategias para desarrollar los estudios, programas y proyectos que, necesita la ciudad y que, desde hace rato, estamos esperando. 

 

El paso inexorable de los días demostró, hasta la saciedad, lo que se señalaba, tímidamente al principio, sobre su incompetencia para enfrentar un cargo, en el que la formación en temas de gestión pública es cardinal, un cargo para el que hay que prepararse toda una vida, habida cuenta del calibre de la responsabilidad que se asume. Cero formacion en finanzas públicas, en Planeación, en Hacienda y todo esto adornado con un talante pendenciero, irrespetuoso y abusivo, dieron origen a que rápidamente fuera ubicado, descalificado y descartado, por un grueso número de ciudadanos, a los que nunca convencieron sus mensajitos a colores, ni sus payasadas de marioneta empolvada. También a esos, el tiempo les dio la razón.

 

Y muy seguros estaban quienes, al darse cuenta que se trataba de un verdadero fraude, propusieron, pasado el primer año de pésimo gobierno, la revocatoria de su errático mandato, de acuerdo con lo estipulado por la misma constitución y la ley.  Llovieron truenos, centellas y hasta amenazas de muerte. Los sabios de siempre se unieron al corito celestial que, a la espera de retribución, adulaba y apoyaba al descontrolado personaje, que entre más era consciente de su inutilidad, más intentaba agradar con sus maromas infantiloides y sus promesas de cumbiambera, encaramado en un tractorcito ridículo, símbolo inequívoco de su pobre concepción del liderazgo y la gestión seria y eficaz.  

 

Dos años después de iniciada esta tragedia, ya a nadie le quedan dudas del descache monumental que cometimos y, poco a poco, hasta sus defensores más encarnizados, han entendido que, de nada vale tratar de tapar el sol con una mano, que el desastre es total y que los remedios escasean. Hasta sus aduladores más cercanos han decidido quitarse la máscara y, sin pudor, han comenzado a soltar ese entripado venenoso de desafueros, barrabasadas y tropelías, que fueron el eje estructurador de un gobierno químicamente bruto.

 

No hay duda de la sabiduría inconmensurable del paso del tiempo: Tan solo dos años fueron suficientes para demostrar, cuanta razón tenían y tienen quienes, prima facie, descalificaron a este salvador de pacotilla. Hoy, con una nula aceptación, y con el fantasma de más de sesenta mil firmas, recogidas para realizar su revocatoria, persiguiéndolo por una ciudad hambrienta, descuadernada, insegura, enferma y empobrecida, solo esperamos que, de la forma que sea, terminen estos tiempos de desgracias.

 

Ya a nadie le interesa si se va o se queda, si lo echan o lo dejan, si lo revocan o no. La frustración y el desencanto son tales, que a la gente solo le importa que, estos tiempos de zozobra y angustia, que tanta razón nos han dado, pasen lo más rápidamente posible, para terminar esta pesadilla y comenzar otro ciclo, donde la inteligencia y el sentido común, se pongan nuevamente al servicio de las causas correctas y de la gente correcta.

 

Parece que, pase lo que pase, ya la ciudad ha dado por concluido este bochornoso y deprimente capítulo de su azarosa historia. Tienen toda la razón, también, quienes hoy se amalayan, de no haber votado por otro que, seguramente, hubiese sido mucho mejor. Ojalá ese arrepentimiento tardío, sea el detonante de nuevas y mejores decisiones. 

 

No se por que me vienen a la memoria en este momento, las palabras del Dr. Martin Luther King, Jr.: “Al final, no recordaremos las palabras de nuestros enemigos, pero sí, el silencio de nuestros amigos”. 


Cartagena, 20 de noviembre de 2021

 

 

 

 

 

 

lunes, 2 de agosto de 2021

CAMINO A LA REVOCATORIA

En buena hora, dos de los tres grupos que tuvieron la iniciativa de ejercer su derecho constitucional a la revocatoria de los alcaldes mócoros, continuaron firmes, tuvieron la suficiente paciencia para esperar que al gobierno central le roncara la gana de expedir el famoso protocolo de bioseguridad y, lo más importante, se resistieron ante las amenazas criminales de las gavillas del poder.

 

Pasaron seis meses desde las famosas audiencias de revocatoria y desde que se iniciara la más encarnizada persecución contra los líderes del proyecto, para que el ministerio de salud finalmente se decidiera a emitir los famosos protocolos de bioseguridad y, a la Registraduría se le permitiera distribuir los formularios de recolección de firmas. Finalmente, hoy ya están poder de la ciudadanía y son diligenciados ávidamente por un pueblo que, si hace seis meses estaba dudoso, hoy está completamente convencido, que nuestra única alternativa viable es la revocatoria, tal y como la constitución y la ley nos facultan.

 

Tratando de ralentizar el plan, el gobierno central se inventó el panfleto de los controles anticovid necesarios para recoger las firmas y retrasó seis meses el asunto. Sin embargo, como ya todos sabemos, el alcalde aprovechó este tiempo para seguir profundizando su desastre, para que la ciudad se siguiera deteriorando, y cayendo a pedazos, para que sigan los trancones y bloqueos, para que se agigantaran los cráteres en nuestras vías y, en fin, para que la gente siguiera arrepintiéndose del triste espectáculo de una administración inoperante, desprestigiada y de una ciudad en ruinas, a la que muy pronto nadie querrá arriesgarse a venir.

 

En tan solo unas pocas jornadas de recolección de firmas, se nota un impresionante interés de la ciudadanía en aportar, en contribuir, en facilitar el trabajo y desde todos los sectores de la ciudad se solicitan los formularios, para que las comunidades registren con su firma, su voluntad indeclinable de hacer realidad un proceso que ya no tiene reversa, que cada día se consolida más y más y que marcará un hito en la nueva historia de Cartagena. No será la primera vez que nos sacudiremos y que le demostremos a este país que, así como a veces somos los primeros en cifras negativas, en otras jornadas históricas hemos defendido, aun con la vida, nuestra dignidad y nuestro derecho a que se nos respete.

 

Nunca antes se había visto que una sola persona acumulara tanto poder, para hacer las cosas mal, para deslegitimar el ejercicio de la autoridad y para burlarse de una ciudadanía, cuyo único pecado fue creer en una sarta de mentiras, sin ser siquiera cuestionado, sin ser requerido o confrontado por autoridad alguna, en un país ya famoso por el uso y el abuso de la represión, cuando el ciudadano común y corriente se atreve a decir esta boca es mía. Nunca antes habíamos sido tan conscientes del estado de postración de la ciudad y del alto grado de responsabilidad que le cabe en esta debacle histórica, al engendro político al que le confiamos ingenuamente la solución de nuestros problemas ciudadanos.

 

Pero como no hay mal que dure 100 años y la oportunidad que se nos presenta es especialmente propicia, tenemos la obligación, la responsabilidad, pero también el derecho al ejercicio del reproche social, de la sanción ética y moral que, en buena hora, nos proveen la Constitución y la Ley, al margen de las mangualas politiqueras y de las confabulaciones alcahueteadas, desde el congreso y la casa de Nariño, para terminar de una vez por todas con este alien baboso y repugnante, que se vino de tercer pasajero,  desde quien sabe que quintos infiernos, a amargarnos la vida. La revocatoria, tal como nos la presenta la Constitución, se convierte, en este momento histórico, en el mecanismo expedito y único que nos permitirá poner fin a la tragedia, más allá de los apoyos invisibles que mantienen a nuestros gobernantes en las antípodas del desarrollo y el progreso de la ciudad.

 

Las bodegas, que ya todo el mundo sabe quien las regenta y dirige, cada vez más reducidas y cada vez con menos argumentos, han sentido el meque y comenzado su campañita bobalicona en redes, con los mismos temas pendejos y trasnochados que, si bien, en alguna ocasión llamaron la atención, hoy en día están completamente recalentados y desprestigiados, después de que el zambiloco mayor, no solo  acabara todo lo que toca , sino que demostrara hasta el cansancio, que no es el papá de nadie, sino el comandante en jefe de una pandilla de incompetentes, malandrines de nuevo cuño, bribones de siete suelas, que creen que con memes y letreritos, van a evitar que la ciudadanía finalmente los devuelva a la oscura caverna de la que no debieron salir.

 

Nunca antes el pueblo cartagenero, había tenido una oportunidad tan brillante de demostrar su capacidad de enfrentarse a una situación adversa y salir adelante con éxito. Debemos aceptar que la situación de La heroica, es realmente crítica y desesperada. Afortunadamente tenemos en nuestras manos la solución: La Revocatoria es el Camino.


Cartagena, agosto 1 de 2021

lunes, 21 de junio de 2021

ALCALDES POR UN DÍA

Algunos amigos, muy bien intencionados, me sacaron de mi escondrijo y sitio de confinamiento sanitario, para llevarme a un taller de liderazgo que, el Centro de Pensamiento y Liderazgo: LIDERAZGO CARIBE, realizaba en Cartagena con una masiva participación de personas de diversos sectores, interesados, sin lugar a dudas, en la sensata y prometedora agenda propuesta por la organización del evento.

 

Había exgobernadores, congresistas, concejales, aspirantes a corporaciones, académicos, investigadores y líderes de diferentes sectores. Llamaba la atención la gran asistencia de jóvenes y mujeres, el ambiente de cordialidad y camaradería y, por supuesto, la gran expectativa por lo que la jornada depararía, especialmente en estos tiempos convulsionados, de pandemia y reflexiones.

 

No pasó mucho tiempo antes de que se dieran cuenta de mi presencia y que alguien comentara sobre mi participación en el proceso de revocatoria del alcalde, que finalizara abruptamente, por razones por todos conocidas. Una joven se acercó al sitio donde me encontraba observando la jugada y sin más, me sacó de mi silencio, afirmando en voz suficientemente alta, como para que todos escucharan: “Fíjese doctor que usted tenía la razón en todo lo que decía. El tractor salió buche y pluma y lo único que le sirve es la reversa. Las cosas han pasado tal cual, ¡puro na! Ya llevamos año y medio y de aquello nada. Pero ajá, usted sabe como somos los cartageneros: cualquiera viene y nos embolata y después nos vamos es en pura changonga y vacile”.

 

Además de causarnos mucha risa la espontaneidad de la líder popular, nos tranquilizó saber que no estábamos equivocados y que, a no ser por la intervención del gobierno central, para enredar la pita y negar la recolección de firmas con pretextos de bioseguridad, probablemente, hoy día el alcalde de Cartagena sería noticia nacional, al ser el primer alcalde de una ciudad grande en ser revocado. Es más, si en estos momentos se hiciera un referendo en la ciudad para definir su permanencia, muy seguramente sería retirado del cargo.

 

No se si fue por lo expresado por la líder o porque ya forma parte de nuestro ADN, lo cierto es que, al poco rato, estábamos discutiendo acaloradamente sobre ¿que haríamos si nos tocara ser alcaldes de Cartagena por un día? Escuchamos de todo: desde los fantásticos proyectos de construir un puente entre Bocagrande y Tierra Bomba, con urbanización de tierra bomba incluida, y un túnel desde Bocagrande hasta Manga, hasta los casi imposibles de, construir un nuevo Aeropuerto y sacar la Sociedad Portuaria de la Ciudad. Alguien dijo que en toda ciudad que se respete estas instalaciones se encuentran alejadas de los centros urbanos y que aquí, por el contrario, su permanencia en barrios residenciales, nos mantiene bloqueados.

 

Luego apareció el grupo de los que bajaron sus expectativas y expresaron que estarían felices, con que se realizaran los proyectos que tienen más de 30 años de estar dando lata y que, ni los anteriores alcaldes, ni mucho menos el actual, han hecho algo por ellos. Hablaron de la Avenida Bicentenario, de Los Famosos Drenajes Pluviales, del Traslado del Mercado de Bazurto, de la Quinta avenida de Manga, de La Perimetral, en fin, de todos nuestros fracasos y frustraciones como realizadores de esas obras indispensables, para que una ciudad funcione al menos adecuadamente. Hubo algunos que se entusiasmaron tanto que alcanzaron a proponer: el Centro Administrativo Distrital en Chambacú y un Parque de Diversiones, en el sitio que dejaría el mercado, al ser cambiado de sitio.

 

Por último, aparecieron los más aterrizados, que dijeron que se conformarían con que a la ciudad se le cambiara ese aspecto de basurero que hoy presenta: Que la malla vial medio se “emparapete”, así sea con contratos raros, que se recojan las basuras, que el DATT ordene el trafico, que se cambien las luminarias quemadas, que los semáforos no anden cabeza para abajo, que se destapen los canales a tiempo y no, después de las inundaciones, que las resoluciones no haya que cambiarlas tres veces, que el gabinete de lujo por fin salga con algo e invierta el presupuesto, que la pandemia se maneje con rigor científico y no con artificios de mala índole, que los rateros honrados devuelvan el 70% del presupuesto del 2020, que no se perdió pero tampoco aparece,  y, por unanimidad, la solicitud de no dejar morir el Laguito de Bocagrande, que agoniza ante la mirada complaciente del estado y los esfuerzos titánicos de algunos héroes, que intentan salvarlo apunta de  pico y pala.

 

Los asistentes salieron muy contentos con el enriquecedor y productivo taller, especialmente los desarrolladores de planes de gobierno para futuras campañas, quienes sin querer queriendo, se fueron con el trabajo prácticamente elaborado.

 

Muy seguramente de estos escenarios de reflexión, análisis, estudio y formación de líderes inspirados, saldrán los dirigentes del futuro que tanta falta nos hacen y ¿porque no? el alcalde que la heroica lleva años esperando.

 

John Quincy Adams, expresidente americano decía: “Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y convertirse en algo más, entonces eres un líder”.


Cartagena junio 21 de 2021

 

 

domingo, 23 de mayo de 2021

YA ESTÁ BUENO

Así como la ciudadanía cartagenera está decepcionada del tremendo descache en que incurrió, al elegir a un alcalde improvisado, bisoño y desconcentrado, nos imaginamos que el señor alcalde también debe estar mamado, aburrido y frustrado, al comprobar que la vaina no era soplar y hacer botellas y que no tenía ni la más remota idea del lio en que se iba a meter.

 

Después de las primeras escaramuzas en las que lució populachero, dicharachero y atrevido y que le valieron una relativa notoriedad y hasta el aprecio de algunos sectores favorecidos con sus primeras medidas, el hombre comenzó una  dura lucha, contra los grupos  ciudadanos que no le comieron del cuento, que no tragaron entero el sainete de su famélico programa de gobierno y una carrera contra el tiempo, enemigo natural de los mandatarios sin planes, sin programas y sin la estructura de gobierno idónea y adecuada para sacar adelante una ciudad, por el y por todos conocida, por sus grandes problemas y deficiencias administrativas estructurales.

 

Muy pronto se notó que no tenía “nada en la bola” para ejercer el cargo del que se había antojado, que no estaba preparado, que no tenía plan estratégico, objetivos y metas y que la improvisación, el día a día, el corre – corre, el corta y pega y el vuelve y juega, eran y siguen siendo la forma en que se maneja la ciudad. Para colmo de males, el hombre se creyó el cuento de que era un genio de la política, que se las sabía todas, que no necesitaba de nadie, y, la poca ayuda que podía recibir de gremios, academia, sociedad civil, y sus propios colaboradores, fue rechazada sistemáticamente, hasta el punto de que nada ni nadie le servía y terminó quedándose prácticamente solo, acompañado de un pequeño grupo de áulicos, bien pagos que le acolitan y festejan todas sus actuaciones y desafueros.

 

Es obvio que, al no saber que hacer con el gobierno y con sus compromisos legales y constitucionales como alcalde, comenzó a sobrarle el tiempo para dedicarse a otro tipo de cosas, que el, en su ignorancia, consideró unos sucedáneos propicios de lo que debería ser el gobierno efectivo y responsable de la ciudad. Se dedicó a la confrontación verbal, con casi cualquier sector de la ciudad que observara el devenir errático del gobierno, refinó el manejo de las redes sociales, a través de bien pagas y bien entrenadas cuadrillas, atentas al matoneo y descalificación de los adversarios y le cogió el gusto al populismo barato a través del discurso prosaico, la chabacanería y las actuaciones bufonescas, encaminados todas a cautivar incautos y mantenerse vigente, medrando en la ordinariez y el perrateo.

 

El primer revés fuerte lo recibió, cuando la ciudadanía comenzó a hablar de la revocatoria de su mandato y, rápidamente, se inscribieron tres comités que agrupaban una parte importante de la ciudadanía. En las audiencias de revocatoria, programadas por la Registraduría y el Consejo Nacional Electoral, se escucharon por primera vez las grandes verdades sobre el desastre de su gobierno y, se dejó ver el talante pendenciero y peligroso de su grupo de seguidores, quienes no se escondieron, para perseguir y amenazar de frente a los promotores de los comités de revocatoria. Las cartas se destaparon y, si no hubiera sido, por el rechazo providencial del gobierno central a las revocatorias y su negativa a expedir los formularios, con pretextos de bioseguridad, hoy, el alcalde de Cartagena, sería el candidato número 1 a ser revocado.

 

Muy rápidamente se demostró que, sin plan de gobierno, sin plan de desarrollo, sin gestión y acompañado de un equipo asustadizo, complaciente y sumiso, no íbamos para ningún Pereira. Los problemas persistentes de la ciudad, que con un ojo dormían y con el otro observaban el despelote, no se dejaron esperar y para acompañar al pésimo manejo de la crisis sanitaria generada por el Covid, aparecieron los Peajes, apareció Transcaribe y se mostraron en todo su esplendor, el abandono y la desidia propios de una ciudad sin gobierno. El gabinete de ensueño, seleccionado por los mejores cazatalentos del planeta, comenzó a irse por el despeñadero y la ciudad se resignó a su destino bíblico de macondo en su última noche.

 

Hoy ya no quedan dudas a nadie de que nuevamente la embarramos, pero esta vez con C mayúscula. Lo peor de todo es que esto, parece no importarle a la ciudad, a sus instituciones ni a sus líderes. Lo mejor que puede pasarnos es que Dau se vaya, ya sea que lo revoquemos si el gobierno al fin nos deja, o que uno de los entes de control lo destituya o, la mejor de todas, que se vaya por su cuenta. Sería esta, quizá, la única acción que el pueblo cartagenero le agradecería de todo corazón.

 

Este es un buen momento para recordar que: “El hecho de que el cielo esté nublado, no quiere decir que las estrellas se murieron”.

 

P.D. Definitivamente los tres mejores puntos de vacunación contra Covid, de los cartageneros son: Miami Dade College, The Jackson Memorial y The Florida health Distric Center. 


CARTAGENA MAYO 23 DE 2021

sábado, 1 de mayo de 2021

REACCIONEMOS YA

Un semáforo de la populosa Avenida Santander, en la heroica Cartagena de Indias, se desgañotó de su soporte, quedó colgado cabeza abajo por el cable de alimentación eléctrica, girando y dando señales locas, amarillo, verde y rojo, como la bandera de la ciudad.

 

Por supuesto que, en una tierra de guasones inmortales y mamadores de gallo excelsos, no faltaron los chistes, las burlas y, finalmente, los inmondables memes y videos, en las redes sociales. Quizá el mejor de todos fue uno que decía, en medio de risas, que: “en Cartagena ya había llegado la última tecnología en semáforos inteligentes, giratorios y que le daban la vía, hasta a los pescados”.

 

Más allá de lo gracioso del tema, la realidad es que esta situación no es más que un pálido reflejo, del tremendo estado de postración, desorden y locura, en que se encuentra nuestra ciudad. Que un semáforo ubicado, quizá en una de las intersecciones viales más peligrosas y complejas de la ciudad, se caiga y quede girando loco e inoperante, durante varios días, solo muestra, sin muchos análisis, que algo debe estar muy mal en El Corralito y en los dirigentes que la gobiernan.

 

Nada mas importante y significativo para una ciudad, que “se las pica” de turística, que su malla vial en óptimas condiciones, limpia y ordenada, su buen manejo del tráfico, la presencia, discreta pero efectiva, de los agentes controladores y el buen estado del equipamiento de señalización y control, incluidos los semáforos y las señales de tránsito reglamentarias, tanto en andenes, como cruces y demás sitios de información. Esta es la primera impresión que reciben quienes nos visitan.

 

Los semáforos, adicionalmente, cumplen una función insoslayable e irremplazable: evitar graves accidentes y protección de la vida por posibles siniestros. Su falta o malfuncionamiento constituyen una falla gravísima de una administración que cobra impuestos y dispone de presupuestos para este fin. Lamentablemente, y duele decirlo, nada de esto está funcionando en Cartagena y nuestro tráfico, como la gran mayoría de cosas de la ciudad, está al garete.

 

Hace varios meses, cuando se inició el proceso de revocatoria del alcalde y los comités prorevocatoria, esgrimían sus argumentos, era fácil encontrar ingenuos que defendían a la administración, con el refrito que sostenía que quienes queríamos y trabajábamos por la revocatoria, éramos viudos de poder, sin OPS´s, y que, con la lucha anticorrupción de la nueva administración, nos habíamos quedado sin opciones, para ejercer nuestras actividades malándrinescas. Hoy, la jauría enardecida que amenazaba y pelaba los colmillos, se ha recogido. Las bodegas de vociferantes mercenarios, defensores pagados por el régimen, se han silenciado y, los payasos y arlequines, ya no hacen reír con sus chistes pendejos y sus bailecitos de marionetas empolvadas.

 

La falta de planes y estrategias concretas para sacar adelante los proyectos indispensables para que la ciudad funciones, la inactividad total de la administración, después de que ha transcurrido el 34% de período del gobierno, comienzan a pasar cuenta de cobro y cada día que pasa hay más certeza de que la situación va de mal en peor. Así como dicen algunas encuestas, que el alcalde tiene un alto nivel de popularidad, así mismo expresan los ciudadanos en elevado porcentaje, que la situación es grave y que prácticamente no tiene retorno. La ciudad se hunde en medio del desgreño administrativo, la corrupción y el desorden: el mal manejo de temas tan sensibles e importantes, como los peajes y Transcaribe, pone una espada de Damocles a colgar sobre la tranquilidad de los cartageneros. 

 

No sabemos en que momento la ciudadanía va a reaccionar ante tantas presiones y se va a producir la tan temida explosión social. El manejo de la pandemia, a contrapelo de los requerimientos mínimos para evitar la propagación, trabaja en contra de los cartageneros, sigue siendo una amenaza latente y, ya no queda ninguna duda, de que será esta administración la responsable, si las nuevas etapas y cepas de la pandemia se hacen fuertes en la ciudad, con resultados y   consecuencias impredecibles. Los tan controvertidos procesos de revocatoria, interrumpidos en mala hora por el estado y las amenazas a sus promotores, hoy son pedidos a gritos y apoyados por todos los cartageneros que, cansados de tantas locuras, ya no soportan más. 

 

El tiempo sigue pasando y el barco sigue haciendo agua, ante la mirada indolente y complaciente de una sociedad pusilánime, anclada a tradiciones mojigatas y proclive al conformismo. Parece que a nadie le importara el berenjenal, sin salida, en que estamos metidos y que solo estuviéramos esperando la llegada del viento bíblico de Macondo que nos acabe de una vez por todas.

 

Lincoln lo decía claro: Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.


Cartagena, mayo 1 de 2021

 

sábado, 21 de noviembre de 2020

TORMENTAS NOVEMBRINAS

Rayos y centellas cayeron sobre la ciudad de Cartagena, en la semana que termina y no precisamente debido a los coletazos de las tormentas, que todos los años por estos tiempos nos visitan y que de paso desnudan la ineficacia de nuestros sistemas de drenajes, de nuestros servicios públicos y de nuestra incapacidad histórica para acometer los proyectos de “raca mandaca” que necesita la ciudad.

 

Estamos tan acostumbrados a que nunca se haga nada y al aplazamiento eterno, que ahora no solamente nos quedamos felices viendo como la inundación acaba con todo, sino que, además, nos volvimos expertos en justificar lo injustificable y en encontrarle razones al abandono, la inoperancia y la desidia,  y sentados y sonrientes, vemos como el comején de la ruina acaba con lo poquito que queda, mientras los vecinos inauguran resplandecientes y colosales obras para el desarrollo. Como dice Robin Sharma: “no podemos segur siendo audaces en las intenciones e insignificantes en las acciones”

 

Pero bueno, los rayos y centellas cayeron fue cuando alguien propuso hacer algo diferente. Cuando alguien dijo: ya está bueno, porque no utilizamos las herramientas que nos da la democracia, la constitución y la ley, para cuando encontramos que nos equivocamos y elegimos a la persona inadecuada y de la que no podemos esperar nada diferente, a una falta estructural de competencias, una gran vocación para el caos administrativo y un talento innato, para sembrar el odio, generar división y profundizar los resentimientos.

 

Tengo que admitir que me sorprendió mucho, la cantidad de conciudadanos que de inmediato se pronunciaron seria y honestamente, sobre la urgencia de acoger las alternativas que nos brinda la ley, para iniciar un cambio efectivo y definitivo. Líderes de todos los sectores de la ciudad, se apresuraron a ponerse a disposición de la propuesta y rápidamente los WhatsApp, las páginas, las redes, los columnistas y los medios locales y nacionales convirtieron una sencilla propuesta de un blog desconocido de provincia, en noticia de todo el país. 

 

Obviamente, no podían faltar los rayos y centellas de los defensores del statu quo, de la continuidad, del deje así, del no se meta en lo que no le importa, o peor aun, defensores de la ineficacia, de la mediocridad y de lo indebido. Las gavillas de las bodegas arrancaron con lo mejor de su repertorio florido, en el que la columna vertebral la integran tres conceptos sospechosos y equívocos: Todos somos malandrines, todos estamos viudos de poder y todos estamos contra el gobierno, porque no nos han dado una OPS. Generalizaciones infundadas y pueriles, que solo muestran a las claras, el terror que les produce la sola posibilidad de quedarse sin poder y sin OPS.

 

Escuchamos también opiniones bien estructuradas, puntos de vista filosóficos y sesudos, que ayudan a aclarar el panorama y le dan un buen aporte conceptual al debate. Por último y, lógicamente no podían faltar, aparecieron los oportunistas de todos los pelambres, cubriendo con flores el borde del abismo, para que sigamos caminando tranquilamente y nos despeñemos una y otra vez, en el precipicio de sus mentiras. Camaleones con un color para cada ocasión, pontifican sobre lo divino y lo humano y pretenden, ingenuamente, que no tenemos memoria y que sus manipulaciones los volverán a colocar en la línea de partida, donde realizarán lo que mejor saben hacer: pescar en rio revuelto. Fungen de tibios y conciliadores y duermen con un ojo, mientras con el otro buscan a quien ofrecerle sus amores a la espera del anhelado guiño.

 

Parafraseando al expresidente Obama, el actual alcalde nunca ha mostrado un verdadero interés por asumir su cargo con seriedad, su compromiso histórico con la ciudadanía, con las instituciones, con la democracia y con las responsabilidades puestas a su cuidado. Nunca ha usado el inmenso poder que le conferimos para trabajar por la ciudad, simplemente porque no puede. Para el su cargo no es más que un reality show, donde mostrar su personalidad histriónica. Es por esto y nada más, que proponemos la reflexión profunda y la necesidad urgente del cambio.

 

No hay que olvidar que la crisálida que se resiste a cambiar, nunca sabrá lo bueno que es volar.

 

P.D. Preocupante la situación que atraviesa la ciudad, a consecuencia de inundaciones producidas por una combinación de fenómenos naturales y humanos. La solidaridad y ayuda a los damnificados debe ser la máxima prioridad en este momento.


https://es.wikipedia.org/wiki/Rodolfo_Diaz_Wright

viernes, 4 de septiembre de 2020

¿DONDE ESTÁN LOS LÍDERES?

Parece que los estrictos controles, decretados por el gobierno a raíz de la pandemia, tocan a su fin. Claro que no precisamente porque hayamos derrotado al virus y las cifras indiquen que lo peor ha pasado y que podemos respirar tranquilidad, apoyados por un Estado efectivo, organizado y estratégico.

 

No. El confinamiento acaba por cansancio. Porque ya nadie soporta el tedio de una vida estática, varada en la historia, en la que hemos perdido la noción del tiempo, olvidado los recuerdos mas queridos y las incertidumbres del futuro. Acaba porque nos mamamos de los discursitos ridículos de nuestros gobernantes, de los decretos locos de cada día y de los resultados de las pruebas que nunca llegan, a menos que sean las realizadas a Uribe.

 

El confinamiento acaba porque nos aburrimos de andar con las manos pegajosas del antibacterial, olorosas a alcohol barato de borrachos, y de los tapabocas tirados por todos lados y que luego nos volvemos a poner. Nos aburrimos de los Webinars, de los “en vivo” y de los foros virtuales, en los que ahora todos somos expertos. Nos cansamos de las curvas que no se aplanan, del pico y cédula que nadie cumple, de los millones de especialistas en Covid 19 y de la pelotera de los gobernantes discutiendo sobre quien ha sido el mejor manejando la crisis, cuando en realidad, la crisis los manejó a ellos.

 

A lo mejor algún día, cuando ya unos estén vacunados con la vacuna de la izquierda y otros con la de la derecha, y estén los del centro esperando a ver, cual es la que mejores resultados da, para vacunarse con esa, recordaremos esta época y hasta nos reiremos de lo pendejos que hemos sido. De creer en un virus que nadie vio y en unas cifras que nadie comprobó. De pararles bolas a unos gobernantes que no saben “por donde va tabla” y de dejarnos estafar pagando unos impuestos que nadie sabe para donde se fueron. Afortunadamente, los médicos no le creyeron a nadie y se dedicaron con alma, vida y sombrero a hacer bien, lo que saben y juraron: Salvar vidas.

 

Quizá, la vida vuelva a la normalidad, menos en Cartagena de Indias, la ciudad de los espejismos, en donde ya echamos de menos, disfrutar de sus soles bravos, sus brisas locas y sus aguaceros atravesados. Para esa época ya el alcalde habrá presentado su enésimo libro blanco y con la popularidad por el suelo, le habrá tocado dedicarse a hacer el populismo barato que seguramente aprendió de los malandrines que tanto combate. La foto cargando el niñito, las capturas de ladronzuelos en la madrugada, los saltos arropado con la bandera, y la visitadera sin motivos, son premios de consolación, sucedáneos artificiosos, de la gestión de gobierno que nunca comenzará.

 

Lo peor es que nadie sabe como vamos a salir del laberinto y, mas grave aun: nadie está haciendo nada, para retomar el más incierto de los futuros que hayamos enfrentado.  Con una clase política arrinconada, unos entes de control asustados y una dirigencia acomodada, con el pedacito que les tocó, la ciudadanía díscola y terca, sigue apoyando débil e ingenuamente al Quijote desorientado. Mientras tanto, los vientos de revocatoria suenan cada vez más fuertes y los 27 precandidatos alistan los trastos, para la nueva faena electorera que se avizora prometedora y como para alquilar balcón.  

Sea que lo quiten o que se vaya o que lo revoquen, lo cierto es que la gente, cada vez con mayor énfasis, se hace la pregunta del millón ¿Y donde están los líderes? Claro que no preguntan por esos líderes de agenda bajo el brazo, amarrada con el cauchito. Preguntan por líderes inspirados, preparados, estratégicos, no precisamente de esos que se la pasan haciendo gala de una verborrea esnobista y pedante y hablando de los mismos cinco proyectos que llevamos 30 años manoseando.

 

No hay que olvidar que siempre será mejor comenzar a andar ese futuro desconocido, que quedarnos lamentándonos en este presente miserable.

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https://es.wikipedia.org/wiki/Rodolfo_Diaz_Wright