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lunes, 3 de agosto de 2020

LA RAMA DE OLIVO

Esta mañana, un amigo que tiene una gran deuda con el propietario de una tienda del barrio de Crespo, se presentó ante el tendero con su cartoncito de marlboro, lleno de anotaciones de fiados viejos y nuevos y luego de mirarlo seriamente por unos segundos le mostró el cartón y sacó la mano que traía escondida en la espalda y le entregó lo que allí llevaba: una rama de olivo.

 

El olivo es, hoy por hoy, uno de los grandes símbolos de la humanidad y su universalidad es tan aceptada, que no existe religión, sociedad o partido político que no lo haya usado alguna vez. En la antigua Grecia, el olivo representaba la sabiduría, estaba consagrado a la diosa Atenea, quien lo creó dando un golpe con su lanza en el suelo. La mitología egipcia, en cambio, asegura que fue la diosa Isis, quien lo entregó a los humanos y además, les dio las claves para la extracción de su famoso aceite.

 

Este emblemático árbol, por su longevidad y resistencia es considerado símbolo de renovación y prosperidad y su aceite, portador de la bendición divina, de poderes de sanación y con grandes propiedades medicinales y curativas. Los musulmanes lo relacionan con la luz, los hebreos con lo divino y para los cristianos representa un punto importante en los momentos de oración de Jesús, antes de su captura. Por supuesto no ha faltado el avispado que dice que colocar una rama detrás de la puerta, aleja las malas vibras.

 

Ayer, en su lánguida presentación del enésimo Libro Blanco, el alcalde inopinadamente y en otro de sus exóticos bandazos administrativos, resultó ofreciendo ramas de olivo a los entes de control, explicando en forma condescendiente que “los va a dejar quietos unas semanas para que trabajen”.  Utilizó la rama de olivo al mejor estilo de los ejércitos triunfadores, que ofrecían clemencia al derrotado. Solo le faltó hacer una corona con las ramas de olivo y ceñirla sobre sus sienes a la usanza de los vencedores olímpicos.

 

No sabemos si el alcalde está para ofrecer clemencia o, por en contrario, muy humildemente debería solicitar clemencia de todas las instituciones del Estado que ha irrespetado, desobedecido, ridiculizado y, las que muy seguramente, habrán tomado atenta nota de sus desafueros y en aplicación de sus competencias, fiscales y disciplinarias, de un momento a otro le van a pedir cuentas. Creemos que el olivo debió ser ofrecido como en el pasaje bíblico del regreso de la paloma al arca de Noé: en señal y símbolo de paz, que es quizá el símbolo por excelencia de la rama de olivo.

 

No quisiéramos creer la versión ciudadana que da cuenta de que el alcalde, cansado y convencido de la imposibilidad de llevar a cabo la tarea, que sin medir sus alcances se impuso, cada día actúa consciente y premeditadamente en la dirección de ser removido del cargo por los entes de control que, de cerca vigilan sus actuaciones poco ortodoxas y a veces en contravía de los reglamentos. En estos tiempos convulsionados, será necesaria una profunda y juiciosa reflexión para definir que es lo que más le conviene a esta sufrida ciudad.

 

El tendero de Crespo, agarró la rama se plantó en la puerta y le dijo a mi amigo: El alcalde puede ofrecer todas las ramas de olivo que quiera, pero tu a mi me pagas.



https://es.wikipedia.org/wiki/Rodolfo_Diaz_Wright

domingo, 12 de julio de 2020

NI LIBRO NI BLANCO

Cuando el estudiante de Macondo se aproximó a la entrada de la Europa del Este, soltó una de esas expresiones lapidarias que lo marcaron de por vida: “La Cortina de Hierro no es una cortina ni es de hierro, es un palo pintado de blanco con rojo, atravesado en la mitad de la calle”. Nunca imaginó Churchill que su famosa descripción del imperio de los Romanov, Lenín, Trotsky y Stalin, caería tan bajo.

Me vino a la memoria esta famosa cita, el día que escuché a una amiga decir, casi sin pensarlo, que el tan cacareado Libro Blanco del alcalde, no era un libro, ni era blanco, sino un poco de diapositivas de Power Point, llenas de cifras, datos y citas, que el alcalde se dedicó estoicamente a tratar de leer e interpretar durante varias horas.

Plausibles los buenos recursos de energía y motivación del jefe del ejecutivo distrital, para continuar en su, hasta ahora, infructuosa cacería mayor. No es todo el mundo el que se le mide a semejante ladrillo, sobre todo, cuando de entrada se nota que interpretaba un “collage” preparado por muchas manos, con informaciones, a veces confusas, a veces incoherentes, y con un contenido que, en su mayoría, no era más que los mismos cuentos trasnochados de su campaña, que ya todo el mundo sabe, que  todo el mundo comenta, pero que nadie ha podido sustentar en términos judiciales. Como diría Fermina Daza: “más era la bulla.”

A estas alturas del partido, creo que los buenos asesores del alcalde, ya deberían comenzar a auxiliarlo en esta cruzada: sea lo primero decirle que sus responsabilidades de denuncia e investigación están contenidas en el canon 67 del código de procedimiento penal. “El servidor público que conozca de la comisión de un delito que deba investigarse de oficio, iniciará sin tardanza la investigación si tuviere competencia para ello; en caso contrario, pondrá inmediatamente el hecho en conocimiento ante la autoridad competente”. Como quiera que el alcalde no tiene competencias para la investigación penal, se deberán realizar las correspondientes compulsas a la Fiscalía General de la Nación.

Otra característica que deberá depurar para sus actividades de halconero de malandrines, es la de la discreción: los cazadores son silenciosos, reservados, sigilosos, observadores. A finales del siglo pasado, un equipo de veedores y comunicadores de la ciudad, en forma juiciosa y con mucha metodología investigativa, llevaron a cabo una destacada actividad que dio al traste con la carrera de un número importante de funcionarios venales. Si algo fue exaltado en esta ocasión, fue el rigor científico, la seriedad y la discresión con que se desentrañaron pruebas y se allegaron a las autoridades competentes.

Entendemos que ya el alcalde desterró a los corruptos de la administración, pues hizo una selección muy rigurosa del nuevo equipo y, como sin corruptos no hay corrupción: “muerto el perro acabada la rabia”. A usar entonces su histrionismo, energías, motivación y don de la palabra, en lo que finalmente todos estamos esperando hace tanto tiempo.

De seguir en el plan actual, nos tocará creer  que todo, no ha sido más que una treta para alegrar las barras, un  puro tilin tilin y nada de paletas, para  seguir obteniendo vitores,  aplausos y ovaciones de carnaval, destinados a  embobar incautos.


https://es.wikipedia.org/wiki/Rodolfo_Diaz_Wright